Fue una verdadera ganga. En la mesa de $99 o menos ahí estaba: Asesinato en el Expreso de Oriente. El último (y vaya que busqué y puse a la Felisberta y al Velvet a rebuscar otro).
Llegandito a casa de mis papás me tumbé con mi mamá a verla. Chequen cartelazo de lujo:
Albert Finney,
Lauren Bacall,
Martin Balsam,
Jacqueline Bisset,
Jean-Pierre Cassel,
Sean Connery,
John Gielgud,
Wendy Hiller,
Anthony Perkins,
Vanessa Redgrave,
Rachel Roberts,
Richard Widmark,
Michael York y
Colin Blakely.
Aunque no es mi Poirot favorito, Finney hace un gran papel (de hecho, la mismísima Agatha Christie, quien vió la película catorce meses antes de morir, dijo que era así como se imaginaba al detective).
Total, que la película es una delicia, sobre todo si, como yo misma, ya se sabe lo que pasa y se puede uno concentrar en los escenarios, guardarropa y utilerías. Como ya he dicho y seguiré diciendo (hasta que alguien me de la razón, jajajaja), Agatha Christie no es para quien guste del misterio.
Es para quienes disfrutamos los pequeños placeres de la vida como una buena taza de té en una buena sobre mesa en un sillón mullido. Y una buena película.
Pocas cosas más exquisitas.
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lunes, 26 de mayo de 2008
viernes, 9 de noviembre de 2007
Más de Agatha Christie
Me quedé pensando y seguí dándole vueltas al tema de Agatha Christie, no porque sea fanática sino porque gracias a ella conocí a mi mejor amigo (amigas: antes de ofenderse chequen el género), M.
Estábamos los dos ñoños de secundaria escondidos en la biblioteca leyendo, cada cual en su propio rollo. Me le acerco y le pregunto
-¿Qué estás leyendo?
-Agatha Christie
-¡Órale, yo también!
-¿Y qué libro?
-Asesinato en Mesopotamia
-¡Órale, yo también!
-¿Y en qué página vas?
Como ya era demasiada coincidencia, iba unas cuantas páginas atrás. Esperé (im)pacientemente a que terminara de leer para poder comentarlo.
De esa plática surgieron otras mil: nos dió por escribir un cuento con un detective de nombre Carlos Mansur y pasábamos buena parte de la noche al teléfono intercambiando la información que sacábamos de enciclopedias (sí, aunque no lo crean, hace 16 años no había internet) y cuanto libro hallábamos en casa. Terminamos una historia loca y enredada de rimbombante nombre... y como grandes amigos.
A la fecha, sigo confiando plenamente en el juicio y criterio de M. para muchas decisiones y gozando largas conversaciones, películas, buena música y de su amistad desde hace ya 16 añotes.
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Agatha Christie
Hablaba yo antes de Agatha Christie, de quien debo declararme gran admiradora.
Sin embargo, no es buena escritora de novelas de misterio. Como dice Ibargüengoitia (y conste que estoy citando de memoria) o uno adivina quién es al asesino en la página 40 por su maña de darle cuerda a los relojes o por más vueltas que se le den a los argumentos del detective (principalmente Poirot) no queda claro qué pasó.
Además, la muy tramposa se guarda un as bajo la manga (la carta cuyo contenido sólo Poirot ve, los pasos a deshoras o la información del pasado que al lector se le oculta hasta el final). Claro que yo tampoco soy buena lectora de misterio; a mí me gusta que me lleven de la mano y sorprenderme a cada paso; cuando llego a hacer conjeturas son descabelladísimas (tiendo a ignorar los detalles importantes y clavarme en los absolutamente irrelevantes).
Pero en lo que Agatha Christie es realmente magistral es la novela costumbrista: las conversaciones de sobremesa, las partidas de bridge o los fines de semana en el campo. Por eso adoro ver películas basadas en sus libros, sobre todo las de Poirot (pero con David Suchet, el mismísimo Poirot con su cabeza de huevo, pasitos de pingüino y bigotito engominado) para ver los coches y los vestidos y las casas, me puedo volver loca con las casas. Mi gran favorita (tanto en película como en novela) es Cinco cerditos.
El cuento número trece
Acabo de leer la novela de tal nombre, de Diane Setterfield y como me declaro incompetente en la literatura a la que hace referencia explícita: Jane Eyre, las hermanas Brontë (a pesar de tener una irresistiblemente cursi edición de "Cumbres Borrascosas" toda ella morado y oro), pues recurrí a mis conocidos y, honestamente, me recordó a Agatha Christie.
Las dos crean atmósferas cerradas y opresivas donde las respuestas sólo pueden encontrarse entre las pocas personas en un lugar específico, como un barco, un tren, un hotel aisado por la nieve, o, en esta novela, una casa de costumbres extrañas.
Él ambiente está muy bien logrado y algunos personajes son encantadores. Pero chafea justamente cuando entran factores y personajes ajenos a la casa y que a mí me parecieron interferencia y salida fácil.
Además de que tantos gemelos en un solo libro me parece pertubador, no sé si a pesar o a causa de ser cuata yo misma.
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