Fue una verdadera ganga. En la mesa de $99 o menos ahí estaba: Asesinato en el Expreso de Oriente. El último (y vaya que busqué y puse a la Felisberta y al Velvet a rebuscar otro).
Llegandito a casa de mis papás me tumbé con mi mamá a verla. Chequen cartelazo de lujo:
Albert Finney,
Lauren Bacall,
Martin Balsam,
Jacqueline Bisset,
Jean-Pierre Cassel,
Sean Connery,
John Gielgud,
Wendy Hiller,
Anthony Perkins,
Vanessa Redgrave,
Rachel Roberts,
Richard Widmark,
Michael York y
Colin Blakely.
Aunque no es mi Poirot favorito, Finney hace un gran papel (de hecho, la mismísima Agatha Christie, quien vió la película catorce meses antes de morir, dijo que era así como se imaginaba al detective).
Total, que la película es una delicia, sobre todo si, como yo misma, ya se sabe lo que pasa y se puede uno concentrar en los escenarios, guardarropa y utilerías. Como ya he dicho y seguiré diciendo (hasta que alguien me de la razón, jajajaja), Agatha Christie no es para quien guste del misterio.
Es para quienes disfrutamos los pequeños placeres de la vida como una buena taza de té en una buena sobre mesa en un sillón mullido. Y una buena película.
Pocas cosas más exquisitas.
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lunes, 26 de mayo de 2008
martes, 6 de noviembre de 2007
Del placer de remolonear
La culpa la tiene mi mamá (si no ¿por qué mi hermano tiene el mismo hábito?) Remolonear (dícese de "1. intr. Rehusar moverse, detenerse en hacer o admitir algo, por flojedad y pereza. U. t. c. prnl.") es algo que nos viene de lejos, cuando mi mamá llegaba y nos despertaba con besitos y nos dejaba dormir otros deliciosos cinco minutitos. Claro que mi hermano y yo hemos llevado esos cinco minutos a más de 80 pero la idea fundamental es la misma.
La noche se pasa, literalmente, con los ojos cerrados y así uno no goza el calorcito de las sábanas que lo protegen del frío, las preocupaciones y problemas del exterior. Entonces son esas gloriosas pausas al despertador las que nos dejan disfrutar otra tregua con el mundo... y cinco más después...
No sé si se descansa, pero qué rico es...
La noche se pasa, literalmente, con los ojos cerrados y así uno no goza el calorcito de las sábanas que lo protegen del frío, las preocupaciones y problemas del exterior. Entonces son esas gloriosas pausas al despertador las que nos dejan disfrutar otra tregua con el mundo... y cinco más después...
No sé si se descansa, pero qué rico es...
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