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lunes, 23 de junio de 2008

La Quinceañera

Los años no pasan en vano. Gracias a Dios. No volvería a ser adolescente ni en defensa propia.
El sábado cumplí treinta años y decidí festejarlos con la fiesta que cualquier quinceañera quisiera tener (soundtrack básico: Los 15 años de Espergencia de Chava Flores, Quinceañera de Timbiriche y Tiempo de Vals de Chayanne) y sólo una mayor de edad independiente se puede permitir.
Barra libre de martinis, cortesía de P. nunca suficientemente ponderado y su excelente oferta de martinis de chocolate, curazao, (mis consentidos), tamarindo (el más exitoso de la noche), pimienta negra y clásico. Sushi para todos. Música a cargo de Velvet y Felisberta.
Y un vestido de La Bella de Disney, bóveda de espadas, que A. trajo puntualmente.
Un descenso triunfal por las escaleras de caracol y absolutamente escenográficas de casa de mis padres, vals con todos los invitados, y un glorioso discurso-de-padrino-borracho-presentando-en-sociedad-a-la-quinceañera por A. (Grandioso, maestro).
Total, noche de amigos, buena música, magníficos tragos y harto jolgorio.
Cumplir treinta es la neta. Creo que lo seguiré haciendo por los próximos 5 años. Salud
No dejen de ver la crónica de sociales por el infinito Pao Yu:

martes, 27 de noviembre de 2007

Conferencias karaoke

El otro día me fui a tomar un café con el jotacé, un respetable y serio miembro de la comunidad académica poblana (¿cómo es que somos amigos, entonces?), y me comentó de un congreso al que había asistido donde varios ponentes recurrieron al barato (y narrativamente ineficaz) recurso de leer una presentación que era proyectada en power point simultáneamente, en lo que llamó "conferencia karaoke".
La definición me pareció muy acertada, primero, por el altísimo nivel de mala leche y segundo, por su economía verbal. Por eso desde aquí la propongo para rápida adopción (todos hemos ido a una conferencia así, sin tener palabras para expresar lo que nos molestaba) y elegante insulto.
P.D. Jotacé dio su permiso.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Más de Agatha Christie

Me quedé pensando y seguí dándole vueltas al tema de Agatha Christie, no porque sea fanática sino porque gracias a ella conocí a mi mejor amigo (amigas: antes de ofenderse chequen el género), M.
Estábamos los dos ñoños de secundaria escondidos en la biblioteca leyendo, cada cual en su propio rollo. Me le acerco y le pregunto
-¿Qué estás leyendo?
-Agatha Christie
-¡Órale, yo también!
-¿Y qué libro?
-Asesinato en Mesopotamia
-¡Órale, yo también!
-¿Y en qué página vas?

Como ya era demasiada coincidencia, iba unas cuantas páginas atrás. Esperé (im)pacientemente a que terminara de leer para poder comentarlo.

De esa plática surgieron otras mil: nos dió por escribir un cuento con un detective de nombre Carlos Mansur y pasábamos buena parte de la noche al teléfono intercambiando la información que sacábamos de enciclopedias (sí, aunque no lo crean, hace 16 años no había internet) y cuanto libro hallábamos en casa. Terminamos una historia loca y enredada de rimbombante nombre... y como grandes amigos.

A la fecha, sigo confiando plenamente en el juicio y criterio de M. para muchas decisiones y gozando largas conversaciones, películas, buena música y de su amistad desde hace ya 16 añotes.