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martes, 27 de noviembre de 2007

Conferencias karaoke

El otro día me fui a tomar un café con el jotacé, un respetable y serio miembro de la comunidad académica poblana (¿cómo es que somos amigos, entonces?), y me comentó de un congreso al que había asistido donde varios ponentes recurrieron al barato (y narrativamente ineficaz) recurso de leer una presentación que era proyectada en power point simultáneamente, en lo que llamó "conferencia karaoke".
La definición me pareció muy acertada, primero, por el altísimo nivel de mala leche y segundo, por su economía verbal. Por eso desde aquí la propongo para rápida adopción (todos hemos ido a una conferencia así, sin tener palabras para expresar lo que nos molestaba) y elegante insulto.
P.D. Jotacé dio su permiso.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Manganas y peales

Me topo con un título: Manganas y peales a la XVI edición del Diccionario de la Academia Española y, en mi enciclopédica ignorancia, me asalta la duda ¿qué son manganas? ¿qué son peales?

Recurro al tumbaburros (léase diccionario de la RAE en línea:
http://www.rae.es/) y encuentro que mangana es: "Lazo que se arroja a las manos de un caballo o toro cuando va corriendo, para hacerle caer y sujetarlo."
Peal, por su parte es:
"6. m. Cantb. y Am. Cuerda o soga con que se amarran o traban las patas de un animal.
7. m. Am. Lazo que se arroja a un animal para derribarlo."

Entonces empieza a darme vueltas la cabeza, si a la susodicha edición del diccionario le echan un peal y/o una mangana, significa que el lenguaje es un animal desbocado y salvaje al que hay que ponerle trabas para amansarlo y poder montarlo? ¿es el diccionario en sí un medio para domar a la bestia? Domarlo, pasa, pero ¿derribarlo? eso es un poco excesivo.

Que el lenguaje (más uno como el español, hablado por un montón de gente, repartida por todo el mundo) sobrepasa los diccionarios y las gramáticas; que lleva su propio ritmo y camino y que todos nuestros intentos por controlarlo le vienen guangos, me queda claro. Es parte de su encanto y magia: toda esa vitalidad desbordada, que se mezcla, que se dobla y da la vuelta, que se reinventa a cada paso y cada palabra. ¡Viva el lenguaje vivo!

Y ahí estaba yo echándole hartas porras al lenguaje cuando leí el subtítulo del mentado libro: Su vocabulario de equitación. Voces ignoradas. Decires y refranes del charo mexicano. ¿México o Méjico? (por D. Carlos Rincón Gallardo, Duque de Regla, Marqués de Guadalupe, etc. México: Librería y Papelería de Angel Pola, 1939) y la burbuja se desinfló.

¡Ah! se refiere a la charrería (y me imaginé clarito a un charro bigotón haciendo suertes con el lazo). Ahora, la cuestión de México con j o x es otro super tema que más adelante abordaré.

Sin embargo, y soy necia, me parece que los editores se dieron cuenta del potencial subversivo del título y corrieron a ponerle un subtítulo tranquilizador, porque la idea es demasiado fuerte, demasiado hermosa, para haber sido inocente. ¿No creen?